El día en que la ansiedad se apodero de mi.

En ocasiones hacían noches de bohemia en la casa. Este fue un de esos días. En aquel entonces acaban de terminar la placa de la segunda planta de la casa por lo cual se tenía que mojar. Hasta hoy en día, no tengo idea del porqué, mas lo hicimos. En aquel entonces entrabas a la casa y llendo de lado izquierdo estaba una sala, la cual tenía un set de sillones floreados. En la parte de en medio bajabas 2 escalones y te encontrabas con una estilo cantina rodeada de obras de arte. La que más me gustaba era la de zeus, sentado con un pie hacia atrás y el otro enfrente como si se estuviera dando la vuelta o como si alguien le estuviera hablando. Se veía majestuoso y robusto, con la mirada firme y viendo al horizonte. Debajo de todas estas estatuas estaba un camino de asientos al rededor donde nos sentábamos y algunos se ponían a tocar la guitarra y otros cantaban. Un ambiente ameno y familiar. La luz que nos daba durante el día era natural ya que el techo era un domo. Al lado derecho estaba la biblioteca, así le decía yo, practicamente era un librero que en la parte de abajo tenia puertas y la parte de arriba eran cuadros donde papá ponía sus libros y algunos cuentos y libros de nosotros, también tenia dos sillones de color café claro con una estampa redonda floreada. En ese día recuerdo que estaban todas las mujeres sentadas en la sala floreada y mamá me dijo que cambiara la manguera del lado derecho de la placa al lado izquierdo.  Subí al segundo piso y al llegar a la ventana me para un primo,
“También voy.” No lo pensé mucho y le dije que estaba bien. Nos salimos por la ventana y fuimos a donde estaba una escalera de madera que ibamos a subir para mover la manguera. Claro está, que a la edad de 7 años no piensas lo inseguro que es subir una escalera que solo esta apoyada a una pared y que esta cerca de la orilla donde podarías caerte de un primer piso casi 2. Pero bueno, ahí voy ya lo había hecho en varias ocasiones así que ya sabia lo que tenia que hacer. Al subir al techo del segundo piso caminé hacia la manguera y la arrastré al otro lado de la casa, vi hacia la calle y al ver que nunca subió mi primo, pensé que le había dado miedo. Al ir caminando hacia donde estaba la escalera iba pensando en como burlarme de el. La burla fue para mi. Al llegar a la orilla vi a mi primo tirado en el techo del primer piso con una mancha de sangre en el piso al rededor de su cabeza. Me asuste mucho pero no pude gritar, como pude y aferrandome a la escalera con cada movimiento al bajarla. Por fin toque el piso y tuve que saltar su pie para poder llegar a el. Le hablé y nada, lo moví, más sin reacción alguna. Sentí mucho frío y no podía hablar, no sabía que hacer. Me levanté y corrí hacia la ventana, al entrar no pisé bien y me caí dentro del cuarto vació. Intenté gritar pero mi voz no salio, solo lágrimas y sudor. Estaba segura que tenía frío, más mi cuerpo estaba empapado en sudor y mis manos con sangre. Lo único que pude pensar en ese momento era en bañarme. Como pude salí del cuarto y baje las escaleras. Al llegar a la primera planta vi a todos de reojo y seguí corriendo directo al baño. Me metí en la bañera, abrí el agua y me senté donde cae el agua. Estaba temblando, tenía mucho frío, sentía el golpe del agua caer sobre mi. No podía pensar, solo recordaba su cuerpo tirado, solo veía la sangre en mis manos, que iba a hacer?! Tengo que decirles a los demás, pero mis piernas no me hacían caso, mi voz no salia, solo sentía dolor en mi pecho, un nudo en la garganta, batallaba para respirar, me ardian los ojos de tanto llorar y no dejaba de temblar. No tengo idea de cuanto tiempo estuve ahí. Solo sé que entró mamá muy asustada y grito, “aquí está, diles que ya la encontré.” Eso fue lo único que recuerdo, despues de eso, todo es negro. No recuerdo cuando salí del baño, no recuerdo quien me cambio de ropa, no se nada. Hasta el día siguiente que desperté y pregunté por él. Me dijeron que estaba en el hospital, me preguntaron que que había pasado, y no sabia que decir. Yo tampoco se que pasó, yo solo fui a cambiar la manguera y cuando regrese el ya estaba así. Al parecer otro de mis primos fue el que lo vio y les dijo a todos. Estoy muy agradecida por eso. Cuando fui a visitarlo al hospital, le pedí disculpas. Y me dijo que ahora estaba bien padre porque le podía decir a sus amigos que lo cocieron en la cabeza.  Quería reír con el pero me sentí tan culpable de haberle dicho que estaba bien que subiera conmigo, que solo me salieron las lágrimas…

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