LA VIDA DE ESTA CHICA INTROVERTIDA

Por alguna razón mamá y yo sacamos la conversación
 de una persona introvertida. Le dije que yo también era una persona introvertida. A lo que sacaron unas carcajadas tanto mamá como su acompañante. Me quedé con la intriga del porqué piensan que no lo soy.
Así que aquí estoy, escribiendo momentos de mi vida en donde demuestre el porque soy introvertida.

Punto numero 1

Solía ir con mi papá a su trabajo, una persona que no es introvertida andaría con sus amigos jugando.
Aun recuerdo la vez que nos fuimos muy temprano en la camioneta, y como ritual, papá puso un cassette del piporro en la radio.  Ivamos hacia una bodega a las afueras de Río Bravo, bueno, en aquel entonces esa parte era considerada las afueras, hoy en día es ya céntrico. Recuerdo que llevábamos un arco y unas flechas, su portafolio y su termo anaranjado con agua y hielos. Llegamos al lugar donde ya había algunos camiones cargados de sorgo esperando pasar por la báscula para después llegar a donde estaba la bodega y dejar su carga. Entramos a la oficina, mientras papá iba caminando hacia su escritorio iba saludando a todos. Como ya sabía que al sentarse y abrir su portafolio, se iba a tardar mínimo 1 hora antes de cualquier otra cosa. Me quedaba en donde estaba el controlador de la báscula, veía como el operador útilizaba las pesas para balancear la contabilidad de lo que entraba y salia. En una de esas el señor se paró para ir al baño y como ya sabrán, yo de máximo 7 años, (súper curiosa) me acerque a ver todos los números que tenían escritos en una hoja verde con rayas. Me atreví a subirme al aciento para poder ver mejor y tenían varias plumas, unas rojas, unas azules y unas negras, además había varias pesas redondas, unas mas grandes que otras. Puse mis manos encima de las hojas para balancearme ya que el aciento se movía y quité mi cabello de encima de las hojas para poder ver bien. Sentí como que algo me hablaba y volité hacia la ventana, era un tráilero viéndome. Me asuste tanto que perdí el equilibrio, el aciento se movió y me caí llevandome todas las hojas conmigo, sintiendo el tirón de mi cabello enredado en el brazo de la báscula. No es que sea cabeza dura, simple y sencillamente no me gusta estar atada a cosas. Vi al tráilero atacado de la risa, así que olvídate de que me vaya a ayudar, ni loca que le iba a gritar a papá que me ayudara, estaba ocupado y al final de cuentas va a ser el mismo final, desenredar o cortar. Y que escucho unos pasos, y volteo al piso donde estaban todas las hojas tiradas, seguro que me regañan. Empieza a dar vuelta la perilla de la puerta y decidí jugarlo todo, agarre mi pelo y lo jale… Al parecer, después de eso tuvieron que arreglar las palancas de la báscula para que volviera a estar balanceada. Claro está que papá me tuvo sentada enseguida de él por el resto del tiempo, mas no me sentía tan mal, me dejaba jugar con su calculadora. Desde mas chica me enseñó utilizarla como tenía que poner mi mano y cuales dedos utilizar para la fila de teclas. Era divertido, me daba toda una lista de números y me decía que sumara todo. Al final checabamos que fuera lo mismo. Al terminar su trabajo en la oficina, me llevaba a inspeccionar las bodegas. Para esto ya traíamos el arco y las flechas. Era la parte mas divertida porque me enseñaba como dispararlas. Mientras el estaba checando los costales de sorgo y que hubiera suficiente aire, más no humedad, yo estaba aventando flechas. Hasta que en una ocasión una de las flechas fue a dar al cabello de una secretaria… Ahora que lo pienso, papá tenia una paciencia y un corazón de oro…
El caso es, siento que sí era introvertida, a lo que me lleva al segundo punto.
Como sabía que era introvertida, intentaba salir de mi circulo vicioso de no hablar con nadie. Razón suficiente a mis casi 5 años para invitar a todos los que estaban abordo de un barco a una tacita imaginaria de café…
Pero bueno, esa historia se las contare en otra ocasión…

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